Estamos en el año 400 de la Hégira, 1010 de nuestra era. En la ladera sur del Yebel al-Arœs, la Sierra de la Novia, los mármoles, los jaspes y los metales preciosos de la ciudad de Madinat al-Zahra resplandecen al sol de la mañana, entre campos de olivos plateados. Grifones, leones y caballos de bronce surten el agua de la sierra en miles de fuentes de mármol. A la sombra de cipreses y palmeras, jardines de ensueño rodean inmensos salones mezclando mirto y romero, adelfas y nardos, lirios y rosas en tapices multicolores. Desde el palacio del califa situado en la más alta de las tres terrazas se divisa todo el valle del Wadi al-Kabir y, a lo lejos, a unos cinco kilómetros al levante, la gran ciudad de Córdoba. Madinat al-Zahra
Ciudad de ensuueños
texto y fotos por Denyse Lamprière
lampriere@net.disbumad.es
Pero ese día no se nota el habitual ir y venir de los miles de funcionarios que hasta hace poco controlaban desde la ciudad toda la administración de la España musulmana. La sucesión en el califato no está clara y al-Zahra está inmersa en los violentos sucesos de la guerra civil. La ciudad ha sido tomada por tropas de mercenarios bereberes en rebelión. En sus ricos salones acampan hombres de guerra, en las fuentes de mármol beben sus caballos. Pero no van a disfrutar mucho tiempo de los fastos palatinos. En las puertas de la ciudad prohibida, ruge ya una multitud llegada de Córdoba para coger también su parte del botín. En estos tiempos violentos, la reacción de los bereberes no se hace esperar. Salta la primera chispaÉ A lo que quedará de aquel incendio preceden siglos de expolio sistemático por parte de los propios musulmanes y luego de los cristianos. Incluso, se perderá hasta el mismo recuerdo de Madinat al-Zahra, denominada en el siglo XV "Córdoba la Vieja". Poco a poco, sus ruinas se irán escondiendo bajo el lodo desprendido de la sierra por las lluvias de invierno. Serias dudas planeaban sobre los textos que hablaban de su esplendor. ¿Verdad o pura imaginación poética de sus autores? Cuando, a partir de 1910, se empieza a excavar el recinto, aparentemente quedan unas pocas ruinas . En 936 de la era cristiana, pocos años después de autoproclamarse califa, Abd al-Rahman III decidió establecer una distancia prudente entre la corte y la turbulenta población de la capital. En la zona donde tradicionalmente, desde los romanos, se construían las residencias de placer de los poderosos, fundó una ciudad entera, una ciudad que representaría el centro mismo del poder.
Veinticinco años tardó Abd al-Rahman en construir Madinat al-Zahra. La ciudad vivió unos escasos setenta y cinco años. Durante nueve siglos, durmió olvidada bajo una dura manga de tierra. Tras ochenta años de restauración, se puede decir que está excavada aproximadamente una décima parte de la medina. Se trata de la tercera parte de la terraza superior, la terraza noble, que albergaba el alcázar con la residencia del califa y de los dignatarios más importantes, así como los órganos de gobierno y dependencias de uso militar. A nivel de la segunda terraza, está excavada también la mezquita. Ahí se encontraba el zoco y una gran extensión de jardines con albercas y fuentes, así como jaulas con fieras y aves exóticas. En la terraza más baja, estaban los cuarteles de infantería y de caballería.
Entrar hoy en Madinat al-Zahra no es pisar un campo arqueológico donde la imaginación tiene que suplir a la falta de representación en volumen. En al-Zahra la enorme cantidad de material fragmentario, encontrado en las excavaciones a lo largo de los años, obligó a los arqueólogos a plantearse la cuestión de su presentación. Almacenarlo en un museo hubiera supuesto muchísimos metros de vitrina. Finalmente se decidió recomponer los fragmentos de los principales palacios sobre inmensas maquetas a escala 1:1. Esta reconstrucción permite a los visitantes de hoy visualizar perfectamente el escenario de lo que cuentan los cronistas y poetas del tiempo del califato.
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Entrando por la parte alta del recinto, la puerta norte, empezamos a bajar en seguida hasta la Dar al-Yund -la Casa del Ejército-, también denominada Casa de los Visires, uno de los grandes salones de recepción de la villa. Siguiendo el sentido de la visita, seguimos bajando hasta un enorme pórtico donde entramos de lleno en la historia. Nos cuenta Ibn Hayyan, uno de los cancilleres cordobeses del siglo XI, cómo fue recibido aquí en 962 el rey cristiano de León, Ordoño IV. Llegó con su séquito a la puerta de la terraza superior situada en la zona del gran pórtico donde empezaba el recorrido oficial. La guardia islámica con sus suntuosos uniformes de gala se alineaba sobre los poyetes adosados a las paredes de las calles en rampa. De esta manera, subió el rey hasta a la Casa de los Visires donde desmontó y descansó, antes de seguir a pie hasta otro salón donde le esperaba el califa. A su regreso a la Casa de los Visires, encontró en lugar de su caballo un maravilloso pura sangre árabe con espléndidos arreos.
También sabemos que el patio ante este salón, hoy plantado como un jardín, fue en realidad una gran terraza totalmente pavimentada en mármol bruñido hasta conseguir la ficción de una gran lámina de agua, como hubo en muchos palacios orientales por la leyenda de la Reina de Saba en su primera visita a Salomón. Atravesando una gran explanada cuyo suelo era tan pulido que parecía mojado, la reina se subió ligeramente la falda. Entonces se descubrió que lejos de tener los pies hendidos, como se rumoreaba, los tenía pequeños y bonitos. Roto el hechizo, se trabó el idilio que relata el "Cantar de los Cantares".
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Pero el espacio más impresionante de Madinat al-Zahra es sin duda el Salón de Abd-al-Rahman III que encontramos a continuación, después de pasar por una terraza que domina las ruinas de la mezquita. La decoración de este salón es de una riqueza ornamental tal que uno de los nombres que le han dado los arqueólogos es el de Salón Rico. Su restauración, empezada en 1944, ha supuesto una reconstrucción casi total a partir de los elementos encontrados in situ. Era el escenario de las raras exposiciones del califa a la vista de los principales funcionarios y dirigentes políticos del califato. Lo cierto es que, como testigos profanos de la gran Córdoba califal, destruidos tres siglos antes de que se empezara a construir la Alhambra de Granada, tanto el conjunto de Madinat al-Zahra como el propio Salón de Abd-al-Rahman III asombran por su belleza. Si le interesa tocar con el dedo la esencia de los mitos, vaya a visitarlos. No le decepcionarán.
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